Kuelap:ciudad de guerreros

Escrito por fernando 04-02-2006 en General. Comentarios (15)

Por Fernando Vilchez Santisteban

La tarea, iniciada con las primeras luces del día, para conseguir una manera económica de llegar hacia Kuélap, ha terminado. Son las nueve de la mañana y el conductor de un camión con verduras decide llevarnos ¡y sin pagar un céntimo!. Mis dos compañeros y yo estamos ahora relajados y satisfechos. Apoyados en el parapeto del camión y abrigados con chompas, para protegernos de la fría brisa de la mañana, enrumbamos a la fortaleza.

Desde Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas, al norte de Perú, recorremos por tres horas la carretera. En el camino, las plantaciones de café y arroz son abundantes. Entre la espesura de los bosques se esconden pintorescas y humildes casas pertenecientes a los agricultores. El camión se detiene cada cierto tramo para recoger a estos hombres de tez morena, con camisas remangadas y sandalias.
El carro se llena de vasijas de barro, alfombras de paja y ramos de caña de azúcar. El viaje no sólo se hace inolvidable por los paisajes que se ven en el camino, sino también por el pintoresco espectáculo folclórico que realizan estos campesinos con su manera de comportarse.

Primera parada
Luego de recorrer 36 kilómetros, llegamos a Tingo, pueblo al pie de la montaña que conduce a Kuélap. Eran las dos de la tarde. Cada pasajero se retira con su bulto a su hogar o sabe Dios donde. Con frío y hambre, buscamos un lugar para comer y pasar la noche.
La bondad de una mujer, al vernos desorientados, nos abre las puertas de su hogar. Nos dio una habitación con vista a las montañas envueltas por la densa neblina. Preparé una sopa con verduras en el fogón de la cocina. Aquí no hay luz ni agua potable. Habría que probar qué tal sabe una sopa preparada con agua directa del río. El cansancio derribó nuestros cuerpos a la cama. Al día siguiente debíamos iniciar la caminata.

Amor de Humanos
No sabíamos cómo manifestar nuestro agradecimiento a aquella mujer. Con mucha humildad aceptó unos cuantos comestibles que cargábamos en la mochila. Ya al despedirnos nos dijo que no sintamos pena pues “es Dios quien ordena que demos posada al errante”. Manifestaciones de este tipo demuestran la grandeza de espíritu de la gente de esta parte del país. Nos sentimos muy protegidos en este pueblo, realmente nada nos faltó.

Debíamos recorrer doce kilómetros a pie. El camino, que cruza la montaña, está debidamente señalado. La abundancia de piedras, caminos altos y bajos y una repentina lluvia, hicieron que nuestra atención se centrara en lo que pisábamos, pues el camino se tornó resbaladizo. Dejó de llover y las nubes despejaron las montañas. El juego de la neblina con las diversas tonalidades de verde forman un panorama espectacular.

La dificultad para respirar nos detenía cada cierto tramo. Kuélap se encuentra a tres mil metros sobre el nivel del mar. Pero el esfuerzo valía la pena. A lo lejos se dibujaba lo que en su momento fue una ciudad guerrera.

Eran las tres de la tarde. El complejo arqueológico se cerraba en dos horas. Pernoctamos en cada de don Rigoberto, el guía que trabaja en las ruinas. El pertenece a una de las cuatro familias oriundas de kuélap. El resto se mudó a chachapoyas. Rodeados en el fogón de la esposa de don Rigoberto y sus cinco niños, comimos unas tortillas preparadas con maíz fresco de la chacra, manzanilla caliente pata beber y con la ciudadela como paisaje, qué mas podíamos pedir.

Civilización grande
En la cima de la montaña, la fortaleza de Kuélap se luce por su enorme muralla de hasta veinte metros de altura y que alberga alrededor de seis cuadras de largo. En su interior, se encuentra toda una ciudad compuesta por 420 casas circulares. Construidas con bloques de granito rosado y superpuestas sin ningún otro elemento, han podido desafiar durante siglos la destrucción de la erosión y la lluvia.
La fortaleza posee tres puertas, dos de ellas están clausuradas por la fragilidad de la estructura y el paso de los años. La puerta de acceso a los turistas es a través de una escalinata de piedra. A medida que la escalera avanza hacia la montaña, va reduciendo de ancho, de modo que al llegar a la primera plataforma sólo queda espacio para el ingreso de personas en columna de a uno y con la cabeza inclinada . En los muros laterales de la escalera hay pequeñas casas que servían para esconder a guerreros, que armados atacaban en la cabeza a sus enemigos.

Planificación social
En el interior existen tres niveles. El primero y más amplio lo ocupaba el pueblo, los otros dos niveles eran de los jefes militares y maestros. También hay una torre o torreón, que sirvió para observar a grandes distancias la presencia del enemigo. La fortaleza fue construida entre los años 800 y 500 AC por la cultura chachapoyas. Con mucha experiencia en la estrategia y defensa militar, tuvo que enfrentarse a las guerras de conquista de los waris y chibchas.

Tiempos violentos
Los chachapoyas se enfrentaron a duras batallas, pero no lograron superar la astucia incas. del Imperio Inca. Estos, al percatarse de la trampa que forma la entrada a la ciudad, cercaron todo el recinto. El pueblo poseía en sus almacenes comida por unos días, pero debían salir del lugar para conseguir más alimentos y agua. El hambre obligó a esta cultura rendirse, ocupando territorios vecinos. Los incas vivieron allí por muchos años. Esto se comprueba en las construcciones en forma de rectángulo, figura que caracterizaba las edificaciones
Tras la conquista de los españoles a este suelo, los chachapoyas establecieron una alianza con ellos par a derrotar a los incas. En la sangrienta batalla, los conquistadores lanzaron antorchas de fuego por las altas murallas de la ciudadela, obligando a los incas a salir despavoridos y encontrar la eminente muerte.

En el pánico, los españoles ingresaron a la ciudad en llamas buscando almacenes de oro, pero al no encontrar nada que sea de valor, destruyeron todo lo que había en su paso, además de dar muerte a los chachapoyas.
Desde ese entonces, la ciudadela quedó abandonada hasta su descubrimiento en 1843 por el juez Crisóstomo Nieto. Kuélap está rodeada de otras fortalezas y recintos que aún están en plena investigación, muchas incluso están aún cubiertas por la espesa vegetación y en zonas difíciles de acceder. Por ello, Chachapoyas y los al rededores se percibe como un potencial turístico tan fuerte como el Cusco.

Disculpas por no contar con fotografías.