Expedición a Balsapuerto. Una ruta bastante difícil por la geografía cambiante y las excesivas lluvias que hacen el camino muy accidentado. Los ríos son una constante y los paisajes son de lo mejor. Anímense a realizar expediciones pues felizmente aún en nuestro país es posible recorrer zonas casi intactas.
Expedición a la Comunidad de Balsapuerto. Ubicado en la provincia de Alto Amazonas, Loreto. Lugar donde residen los Shayahuitas.
Partimos de la ciudad de Moyobamba, ocho días de caminata por selva, la mayoría en estado virgen y que fue ruta de investigación por Antonio Raimondi, italiano que llegó al Perú motivado por la fascinante geografía del país.
La expedición, compuesta por profesionales en diversas materias, tuvieron por objetivo estudiar la posibilidad de la creación de una reserva natural en la zona, por su riqueza biológica.
Fotografía: David Landa. Director de la Expedición.
Para mayor información visiten www.gratisweb.com/tapisho
"El viaje nos convierte en seres libres, hace posible que nos veamos detenidos en el espejo del tiempo, mientras el mundo corre a nuestro lado”. Javier Reverte, escritor español.
Todos buscamos algún paliativo que nos haga olvidar, por un instante siquiera, la abrumadora vida cotidiana. Sin duda, viajar es una de las mejores salidas justo en el momento cuando estamos al borde del colapso. El escritor inglés Graham Greene decía “...viajar permite huir de la rutina diaria, del miedo al futuro”. Es justamente esa oportunidad de escape lo que hace la vida más llevadera e impide entregarse a la desesperación.
Ello explica el por qué los adolescentes y jóvenes no desperdician cualquier oportunidad para viajar. El lugar muchas veces pasa a un segundo plano. Lo principal es liberarse del tedio amenazador.
El viaje del descubrimiento
No todos los viajes son una salida desesperada. También hay quienes parten motivados por conocer nuevas geografías y culturas, escabullirse en calles desconocidas y pintorescas; entablar conversación con personajes que ven el mundo de una forma distinta a la nuestra; o tal vez quedar conmovidos por algún paisaje acogedor.
El viaje ideal sería aquel que nos libre de lo cotidiano para enfrentarnos a la infinita experiencia de conocer otras realidades. Es que el viaje es una herramienta muy útil, que nos abre los ojos a un mundo mucho más amplio y complejo de lo que pensamos, donde todos nuestros temores quedan sin fundamento y nos hace más tolerantes con otros seres humanos.
Partida sin retorno
Definamos términos. Un emigrante es aquel que parte sin la perspectiva de retorno. Es el que viaja impulsado por la búsqueda de oportunidades. Este personaje tiende a la añoranza por su pueblo y le cuesta adaptarse a una nueva realidad.
El turista viaja siempre con un rumbo y tiempo establecido. Ya sabe de antemano lo que encontrará al llegar. En cambio, el viajero no tiene una ruta específica. Su destino puede cambiar de un momento a otro. Siempre está dispuesto a experiencias inesperadas. Aunque tarde o temprano siempre regresa a algún sitio.
Pero ¿todo viajero tiene la voluntad de retornar? Todos vuelven, pero no siempre. Existen viajes en que el regreso es imposible. Kafka dijo en algún momento de su vida: “Existe un punto tan distante entre el lugar de partida, que una vez alcanzado es más fácil seguir adelante que intentar un regreso”.
Viaje al interior
Un viaje sin retorno puede darse por la falta de una ruta como por la desalentadora ausencia de un camino interior, esa búsqueda del alma que nos conduce a quién sabe dónde. Y es que cuando el viajero parte para encontrarse a sí mismo, esa búsqueda logra cambiarlo al punto que la posibilidad de regresar se hace cada vez más lejana.
Un viaje puede ser algo más que una vuelta en u, donde todos retornan al mismo punto. También se puede transformar en una vía donde hay curvas, desvíos, laberintos, agujeros o en el motivo de una fuga con señales de libertad.
Fernando Vilchez Santisteban
Periodista especializado en viajes
Les comparto un texto sobre Pucallpa y el ayahuasca. Las amenazas a la amazonía y lo bondadosa que es aún ella con nosotros.
Pareciera ser una norma que todo lo bello tiene algo de misterio, un juego a las escondidas infaltable para la atracción. En la primera impresión, la ciudad de Pucallpa se ofrece huraña y esquiva al visitante. Las calles son ruidosas y atiborradas de centenares de pequeños negocios; las motocicletas –medio de transporte más usado por la población- irrumpen la aparente tranquilidad que en alguna parte se puede encontrar; y para golpe de gracia, el implacable calor hace aún más pesado caminar por las calles. Felizmente esto es solo una parte de Pucallpa pues a medida que el visitante va adentrándose en el paisaje y en la vida cotidiana, va descubriendo un pueblo frenético, alimentado por la energía que la naturaleza aún le brinda.
Pucallpa se ubica en el departamento de Ucayali, en la selva baja del Perú, abrazada por el extenso río Ucayali y por el lago Yarinacocha. Su nombre deriva de las palabras quechuas puca (colorada) y allpa (tierra). El color rojizo del suelo en contraste con el verde de los bosques y el marrón de los ríos, crea la sensación de estar inmersos en una pintura paisajística. El clima es húmedo y tropical. La intensidad del calor sofocante es la misma en todas las épocas del año, a pesar que los pucallpinos persisten en que hay una estación fría. La temperatura sobrepasa los 30°C. Solo se siente frescor en los momentos de lluvia que, felizmente, son constantes.
De espalda al mundo
Por donde se mire hay extensas hectáreas de bosques. Los árboles madereros son la principal industria de Pucallpa. Lamentablemente, la tala descontrolada pone en peligro el orden natural. Es frecuente ver bosques talados, forados enormes en medio de árboles amenazados por la deforestación. También es común ver por las carreteras, camiones que circulan cargados con bloques enormes de troncos de árboles, cuya antigüedad puede sobrepasar los cien años. Árboles de caoba, cedro y otras especies se dirigen al mercado ilegal de madera nacional e internacional. La deforestación es un grave problema que no parece tener solución. La ineficacia y el poco control de las autoridades hace que la selva de Ucayali sea el objetivo ideal de las mafias madereras. A estos males se añade las grandes pérdidas de bosques que el boom del caucho trajo consigo en décadas pasadas.
Espíritu de la Selva
A pesar de este desalentador panorama, la naturaleza sigue ofreciendo a Pucallpa sus frutos. Toneladas de plátanos, aguaje, cocos, yucas y piñas, abastecen a la población local de lo esencial. El río Ucayali es fuente de gran variedad de peces como el zúngaro, paiche, bagres, taricayas y otros. El curso del río es como una gran carretera, donde circulan lanchas cargadas de pasajeros, ropa y alimentos. Embarcaciones que van y vienen forman un cuadro pintoresco propio de la amazonía. Es en los puertos donde se concentra un dinámico movimiento comercial. Desde muy temprano, se escucha el griterío de los vendedores anunciando sus ofertas.
Maestro Tabaco
A 10 kms. De Pucallpa, viajando por el lago Yarinacocha está la comunidad shipiba de San Francisco. Los frondosos árboles protegen este lugar que, sino fuera por el conductor de la embarcación, el visitante no podría notar su presencia y pasar de largo. La etnia de los shipibos es considerada la primera población que habitó estas tierras. Los shipibos es la tercera étnia más grande del país – primero están los asháninkas y los aguarunas- . en la comunidad de San Francisco viven más de 3000 shipibos alejados de la ciudad, como protegiéndose de toda influencia urbana. Pero tampoco viven desconectados del resto. Hoy cuentan con electricidad y servicio telefónico. El turismo es el principal ingreso económico de las familias shipibas. Ello no implica que pierdan sus costumbres. Al contrario, con diversas tareas procuran afirmar sus conocimientos ancestrales del idioma y arte.
Voz del Tohé
Es conocido mundialmente los dibujos lineales de los shipibos. Laberintos que se asemejan a los intrincados caminos de la selva o a un desordenado mapa urbanístico. Cada espacio es un taller de arte. Hombres, mujeres y niños , no cesan de elaborar cerámicos, talleres, collares y otros objetos que luego serán exportados a grandes tiendas y galerías. Este arte es ancestral y solo perdura por las enseñanzas y técnicas que los abuelos heredan a sus nietos.
Aquí las casas son abiertas, muchas de ellas sin paredes y con techo de hojas. La población vive orgullosa de su forma de vida, el espíritu de comunidad está presente siempre. No existe la privacidad como en las grandes ciudades. Todo se comparte y nada se oculta.
Nuevas tendencias
Aquí el turismo esotérico está cobrando auge. Es conocido a nivel científico y local que la amazonía es fuente inagotable de una serie de plantas medicinales propias para el desarrollo del curanderismo. La atracción que genera estas prácticas hace que cientos de turistas lleguen a estas tierras en busca de experiencias espirituales y místicas. En muchas otras comunidades, el afán de lucro trae como resultado que se pierda la esencia misma de las sesiones esotéricas. Hay que tomar precauciones y no dejarse llevar por la curiosidad o las exageradas virtudes que algunos le otorgan a estas prácticas. El verdadero curandero no se publicita. Pasa desapercibido por la mayoría y sólo se llega a él mediante oídas.
La comunidad de San Francisco es cuna de curanderos, como todo aquí, existe una fuerte tradición generacional. Cada curandero tiene cuatro o cinco discípulos que aseguren los conocimientos para el futuro. Cada uno de ellos pasa más de cinco años aprendiendo sobre las diversas plantas y cortezas que hay en la amazonía y sus efectos en el cuerpo, mente y espíritu. Estos discípulos se forman como si estudiaran una carrera universitaria. Es que prácticamente lo es. La medicina tradicional está cobrando tanta aceptación a nivel mundial que pronto necesitará de más especialistas. Lamentablemente no existe ningún programa gubernamental que apoye a estos jóvenes. La educación recae solo en sus maestros.
Madre Ayahuasca
Indudablemente, una de las plantas que más llama la atención al foráneo es la Ayahuasca o soga del muerto . Una liana que crece abundantemente en estas regiones y es la planta estrella en toda ceremonia. El consumo de la ayahuasca está presente en muchos pueblos de la amazonía, que se extienden por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Su consumo no es exclusivo de ninguna etnia. No existen datos exactos sobre cuándo se inició esta práctica del uso del ayahuasca, pero se presume que incluso los incas llegaron a consumirla.
La ayahuasca es considerada una liana alucinógena. Aunque el objetivo no es tener alucinaciones, muchos erróneamente la consumen pero solo con el afán de visualizar intensas imágenes. Para ellos su efecto es incompleto pues el objetivo en el consumo de la ayahuasca es la curación física y espiritual. Como toda medicina, la planta solo debe ser consumida bajo supervisión del curandero y con la dosis exacta que éste determine. El término adecuado para los efectos de la ayahuasca es mareación. Tal estado solo se logra mediante una sesión o ceremonia, donde cada elemento es vital para una correcta sanación. Es indispensable permanecer en ayuno al menos 24 horas antes de la sesión. No consumir licor, drogas, picantes ni tener sexo. Es importante que el estómago esté libre de comida pues los vómitos son frecuentes en los primerizos. El lugar ideal sería estar rodeado por la naturaleza pues ello inspira. Un espacio cargado de energía negativa, ruidos y contaminación no ayudaría en lo absoluto.
Danza con Perfumes
Las sesiones son por las noches, sin ningún tipo de luz y en total oscuridad. El incienso purifica el ambiente. Esencia de flores en la cabeza de cada uno de los participantes otorgan una sensación de calma. El humo del mapacho o cigarros de tabaco sin filtro también otorgan fuerza y misterio. Los ícaros o cantos son la parte más bella de la ceremonia. Monosílabos y sonidos guturales son como alabanzas de un templo y que otorgan una magia y tranquilidad indescriptible.
En medio de la oscuridad, el curandero va pasando la dosis exacta a cada uno de los participantes. Una pequeña copa del preparado es suficiente para tres a cinco horas de mareación. Los efectos vienen luego de media hora de consumida. Lo más interesante es que la ayahuasca tiene un efecto distinto en cada persona, todo depende de su personalidad y el espíritu con que se realiza.
Serpiente cósmica
Existen testimonios de personas que sufrieron mareaciones horribles, donde visualizaron animales monstruosos y escenas para llorar, ruidos y voces intensas e insoportables. Pero hay muchos otros que vislumbran luces muy coloridas y parsimoniosas, voces suaves que se mezclan con los ícaros que no cesan en ningún momento. Movimientos suaves del suelo, animales extraños, seres alados y todo lo que la imaginación pueda percibir. Pero en lo que muchos coinciden es en la presencia de serpientes de diversas formas, tamaños y colores. En el mundo del curanderismo, la serpiente es considerada la madre de todos los conocimientos o ronin y está presente en todos los seres humanos.
En una mareación no se está totalmente alejado de la realidad. Existen chispazos de lucidez donde uno se percata de lo que ocurre a su derredor. El curandero proporciona equilibrio a quienes se angustian en la mareación, llevándolos a buen camino. De allí la importancia de la presencia de uno de ellos. El término adecuado para estos maestros es de curandero (en castellano) pues la palabra shamán proviene de los países alejados de Europa, donde no se ajusta a las actividades de los maestros de estas zonas. Aunque en shipibo el término exacto sería Unaya Juni .
El preparado de la ayahuasca se obtiene tras más de cinco horas de hervido. Su sabor a cortezas es bastante fuerte. En una mareación se mueve fuerzas espirituales indescriptibles que los más sensibles pueden percibir. Una vez que la mareación va cediendo, el cuerpo se somete a un sueño profundo que puede durar por varias horas. A muchos otros, el baño los llama urgente, son los efectos purgantes propias de la liana. Luego de aquella sesión el cuerpo debe permanecer en orden y equilibrio.
Canto para nacer
La selva de Pucallpa ha dejado de ser salvaje y abarrotada de animales. Las sachavacas, otorongos, monos, guacamayos, lagartos y otros son cada vez más difíciles de ver en su estado natural. Los gigantescos árboles ahora son extraños de encontrar. La fiebre del caucho pasó y la pobreza de nuevo es latente en gran parte de la población. Al parecer ya no queda rastro del paraíso terrestre que en algún momento pudo ser Pucallpa. Pero algo que permanece inalterable es el espíritu de su gente por volver a empezar. Ahora el turismo se perfila como una alternativa para la crisis ambiental que está sometida. Poco a poco se empieza a reconocer el valor de la amazonía y como herramienta para obtener ingresos del turismo.
Tal vez algún día se logre recuperar lo que se está perdiendo. Ojalá no sea tarde. Ojalá el espíritu de las plantas y los ícaros sea suficiente. Si es así, hagamos una mega sesión ayahuasquera.
Subtítulos originales del disco Canto Shamánico, de Tito La Rosa.
Entrevista al señor Mateo. Curandero de san Francisco. Pucallpa.
Fotos: Eduardo Villarreal.
Texto: Fernando Vilchez Santisteban
Uno de los balnearios más famosos del Perú. Pero desde una perspectiva de tradición, donde los pescadores son los protagonistas que dicho lugar fluya de belleza.
Punta Sal representa la quintaesencia de las playas del norte peruano. Las azules y frescas aguas del Pacífico, la suave arena y el desierto se conjugan para crear la sensación de refugio y huida de la civilización que a cientos de turistas los atrae a este rincón que pareciera ser del fin del mundo. Punta sal se ubica en el departamento de Tumbes, en el kilómetro 1187 de la Panamericana Norte, en medio de la zona más desértica del país y a lo largo de un límpido litoral protegido por el sol que no lo abandona en ninguna época del año.Pero nunca el calor es agobiante, el aire caliente del desierto es apaciguado por la brisa marina. Las olas arrastran consigo pequeñas conchas y piedrecillas de colores que luego yacen en la arena y forman un panorama salvaje. Aquí hay pocas palmera, la mayoría introducidas por el hombre. Al contrario, el árbol del algarrobo crece en cientos de kilómetros alrededor. Sus frondosas ramas perduran por muchos años a pesar de la sequedad del suelo. El algarrobo está protegido por los conservacionistas y la población local que mantienen en control el uso de la madera para la industria.
Visitas moderadas
A Punta Sal llegan visitantes de todo el mundo, pero nunca al punto de alterar la tranquilidad del lugar. Aquí no hay las típicas aglomeraciones del turismo masivo. El servicio hotelero siempre se abastece, aunque en temporada alta es preciso hacer las reservaciones necesarias. Aquí el turista encuentra la soledad de una playa imperturbable. Los bares, discotecas y luces de neón no tienen cabida.
Hombres de pesca
Los pescadores habitan en la playa por décadas. Ésta es la población originaria del lugar y saben compartirlo con cualquier foráneo.En esta agua se pescan la “raya”, el “coche”, el “pez espada” o la “lisa”, además de diversas especies de mariscos, elementos básicos en la comida local. Ver trabajar a estos hombres crea una sensación de deseo en el forastero por imitarlos, ir en busca de su propia alimento, manejar la balsa al antojo del mar y esperar a que las redes se llenen -el trabajo en su forma más natural.
Ellos construyen sus propias balsas y siempre separan un espacio al que quiera acompañarlos a pescar. Cerca del mediodía la parte más alejada de la playa adquiere vitalidad con la compra-venta de productos. Pescadores, amas de casa y turistas se involucran en el negocio por adquirir el mejor pescado. Al finalizar la actividad, cientos de gaviotas, pelícanos y aves de rapiña se encargan de limpiar la playa de cualquier residuo marino.
Abundancia de elementos
Los paisajes conmovedores y sorprendentes están por cualquier parte donde se mire. En especial, desde la cima de las montañas se observa una panorámica completa de todo Punta Sal. El cielo y el mar infinito ofrecen un espectáculo de diversos tonos azules y, al atardecer, parece que todo se somete a la incandescencia del sol tornándose el lugar de color anaranjado. Ni un solo lugar puede pasar por alto. En el horizonte, los delfines, los lobos marinos y ballenas alborotan las aguas. Arriba, bandadas de aves revolotean sin cesar: piqueros, huerequeques, garzas, cardenales, zarcillos y muchos más son el deleite de todo ornitólogo. Por el lado del desierto, los zorros y gallinazos hacen de las suyas y en la arena, cientos de cangrejos se escabullen de los picos de las gaviotas. Mientras tanto, el viento se convierte en un portavoz de cada elemento vivo arrastrando consigo una serie de sonidos inexplicables.
Cuando el sol se ocultó
Aquí la naturaleza exuberante y la limitada presencia del hombre dan vida a un equilibrio armonioso. Pero no siempre fue así. En 1982, el fenómeno de El Niño amenazó con transformar la geografía del lugar. Lluvias torrenciales nublaron el cielo por semanas, los deslizamientos de las montañas llegaron hasta el mar al punto de convertirse color marrón; los peces se alejaron de las aguas y los pescadores sufrieron los estragos de no encontrar su alimento diario; las carreteras se destrozaron y el lugar quedó aislado del resto. Todo ello pasó, pero El Niño sigue siendo un fantasma que en cualquier momento puede atacar.
Viviendo en una postal
En la actualidad hay energía eléctrica, agua potable y teléfonos; existen vías en regular estado, paquetes turísticos y cómodos hoteles. Por ello, visitar Punta Sal no es una evasión total de la modernidad sino una forma de vivir más acorde con la naturaleza. Más que un balneario, Punta Sal es una tierra con espíritu propio.
Por Fernando Vilchez Santisteban.
fotos Eduardo Villarreal