Historias de hombres que van por el mundo con su mochila a cuestas.

VIAJAR PARA NO VOLVER

Escrito por fernando 22-03-2006 en General. Comentarios (3)

"El viaje nos convierte en seres libres, hace posible que nos veamos detenidos en el espejo del tiempo, mientras el mundo corre a nuestro lado”. Javier Reverte, escritor español.

Todos buscamos algún paliativo que nos haga olvidar, por un instante siquiera, la abrumadora vida cotidiana. Sin duda, viajar es una de las mejores salidas justo en el momento cuando estamos al borde del colapso. El escritor inglés Graham Greene decía “...viajar permite huir de la rutina diaria, del miedo al futuro”. Es justamente esa oportunidad de escape lo que hace la vida más llevadera e impide entregarse a la desesperación.

 

Ello explica el por qué los adolescentes y jóvenes no desperdician cualquier oportunidad para viajar. El lugar muchas veces pasa a un segundo plano. Lo principal es liberarse del tedio amenazador.

 

El viaje del descubrimiento

No todos los viajes son una salida desesperada. También hay quienes parten motivados por conocer nuevas geografías y culturas, escabullirse en calles desconocidas y pintorescas; entablar conversación con personajes que ven el mundo de una forma distinta a la nuestra; o tal vez quedar conmovidos por algún paisaje acogedor.

El viaje ideal sería aquel que nos libre de lo cotidiano para enfrentarnos a la infinita experiencia de conocer otras realidades. Es que el viaje es una herramienta muy útil, que nos abre los ojos a un mundo mucho más amplio y complejo de lo que pensamos, donde todos nuestros temores quedan sin fundamento y nos hace más tolerantes con otros seres humanos.


 

Partida sin retorno
Definamos términos. Un emigrante es aquel que parte sin la perspectiva de retorno. Es el que viaja impulsado por la búsqueda de oportunidades. Este personaje tiende a la añoranza por su pueblo y le cuesta adaptarse a una nueva realidad.

 

El turista viaja siempre con un rumbo y tiempo establecido. Ya sabe de antemano lo que encontrará al llegar. En cambio, el viajero no tiene una ruta específica. Su destino puede cambiar de un momento a otro. Siempre está dispuesto a experiencias inesperadas. Aunque tarde o temprano siempre regresa a algún sitio.

Pero ¿todo viajero tiene la voluntad de retornar? Todos vuelven, pero no siempre. Existen viajes en que el regreso es imposible. Kafka dijo en algún momento de su vida: “Existe un punto tan distante entre el lugar de partida, que una vez alcanzado es más fácil seguir adelante que intentar un regreso”.

Viaje al interior
Un viaje sin retorno puede darse por la falta de una ruta como por la desalentadora ausencia de un camino interior, esa búsqueda del alma que nos conduce a quién sabe dónde. Y es que cuando el viajero parte para encontrarse a sí mismo, esa búsqueda logra cambiarlo al punto que la posibilidad de regresar se hace cada vez más lejana.

 

Un viaje puede ser algo más que una vuelta en u, donde todos retornan al mismo punto. También se puede transformar en una vía donde hay curvas, desvíos, laberintos, agujeros o en el motivo de una fuga con señales de libertad.

Fernando Vilchez Santisteban
Periodista especializado en viajes

 

Pucallpa: Donde el caos y la magia conviven perfectamente

Escrito por fernando 06-03-2006 en General. Comentarios (19)

Les comparto un texto sobre Pucallpa y el ayahuasca. Las amenazas a la amazonía y lo bondadosa que es aún ella con nosotros.


Pareciera ser una norma que todo lo bello tiene algo de misterio, un juego a las escondidas infaltable para la atracción. En la primera impresión, la ciudad de Pucallpa se ofrece huraña y esquiva al visitante. Las calles son ruidosas y atiborradas de centenares de pequeños negocios; las motocicletas –medio de transporte más usado por la población- irrumpen la aparente tranquilidad que en alguna parte se puede encontrar; y para golpe de gracia, el implacable calor hace aún más pesado caminar por las calles. Felizmente esto es solo una parte de Pucallpa pues a medida que el visitante va adentrándose en el paisaje y en la vida cotidiana, va descubriendo un pueblo frenético, alimentado por la energía que la naturaleza aún le brinda.

Pucallpa se ubica en el departamento de Ucayali, en la selva baja del Perú, abrazada por el extenso río Ucayali y por el lago Yarinacocha. Su nombre deriva de las palabras quechuas puca (colorada) y allpa (tierra). El color rojizo del suelo en contraste con el verde de los bosques y el marrón de los ríos, crea la sensación de estar inmersos en una pintura paisajística. El clima es húmedo y tropical. La intensidad del calor sofocante es la misma en todas las épocas del año, a pesar que los pucallpinos persisten en que hay una estación fría. La temperatura sobrepasa los 30°C. Solo se siente frescor en los momentos de lluvia que, felizmente, son constantes.

De espalda al mundo
Por donde se mire hay extensas hectáreas de bosques. Los árboles madereros son la principal industria de Pucallpa. Lamentablemente, la tala descontrolada pone en peligro el orden natural. Es frecuente ver bosques talados, forados enormes en medio de árboles amenazados por la deforestación. También es común ver por las carreteras, camiones que circulan cargados con bloques enormes de troncos de árboles, cuya antigüedad puede sobrepasar los cien años. Árboles de caoba, cedro y otras especies se dirigen al mercado ilegal de madera nacional e internacional. La deforestación es un grave problema que no parece tener solución. La ineficacia y el poco control de las autoridades hace que la selva de Ucayali sea el objetivo ideal de las mafias madereras. A estos males se añade las grandes pérdidas de bosques que el boom del caucho trajo consigo en décadas pasadas.

Espíritu de la Selva
A pesar de este desalentador panorama, la naturaleza sigue ofreciendo a Pucallpa sus frutos. Toneladas de plátanos, aguaje, cocos, yucas y piñas, abastecen a la población local de lo esencial. El río Ucayali es fuente de gran variedad de peces como el zúngaro, paiche, bagres, taricayas y otros. El curso del río es como una gran carretera, donde circulan lanchas cargadas de pasajeros, ropa y alimentos. Embarcaciones que van y vienen forman un cuadro pintoresco propio de la amazonía. Es en los puertos donde se concentra un dinámico movimiento comercial. Desde muy temprano, se escucha el griterío de los vendedores anunciando sus ofertas.

Maestro Tabaco
A 10 kms. De Pucallpa, viajando por el lago Yarinacocha está la comunidad shipiba de San Francisco. Los frondosos árboles protegen este lugar que, sino fuera por el conductor de la embarcación, el visitante no podría notar su presencia y pasar de largo. La etnia de los shipibos es considerada la primera población que habitó estas tierras. Los shipibos es la tercera étnia más grande del país – primero están los asháninkas y los aguarunas- . en la comunidad de San Francisco viven más de 3000 shipibos alejados de la ciudad, como protegiéndose de toda influencia urbana. Pero tampoco viven desconectados del resto. Hoy cuentan con electricidad y servicio telefónico. El turismo es el principal ingreso económico de las familias shipibas. Ello no implica que pierdan sus costumbres. Al contrario, con diversas tareas procuran afirmar sus conocimientos ancestrales del idioma y arte.

Voz del Tohé
Es conocido mundialmente los dibujos lineales de los shipibos. Laberintos que se asemejan a los intrincados caminos de la selva o a un desordenado mapa urbanístico. Cada espacio es un taller de arte. Hombres, mujeres y niños , no cesan de elaborar cerámicos, talleres, collares y otros objetos que luego serán exportados a grandes tiendas y galerías. Este arte es ancestral y solo perdura por las enseñanzas y técnicas que los abuelos heredan a sus nietos.
Aquí las casas son abiertas, muchas de ellas sin paredes y con techo de hojas. La población vive orgullosa de su forma de vida, el espíritu de comunidad está presente siempre. No existe la privacidad como en las grandes ciudades. Todo se comparte y nada se oculta.

Nuevas tendencias
Aquí el turismo esotérico está cobrando auge. Es conocido a nivel científico y local que la amazonía es fuente inagotable de una serie de plantas medicinales propias para el desarrollo del curanderismo. La atracción que genera estas prácticas hace que cientos de turistas lleguen a estas tierras en busca de experiencias espirituales y místicas. En muchas otras comunidades, el afán de lucro trae como resultado que se pierda la esencia misma de las sesiones esotéricas. Hay que tomar precauciones y no dejarse llevar por la curiosidad o las exageradas virtudes que algunos le otorgan a estas prácticas. El verdadero curandero no se publicita. Pasa desapercibido por la mayoría y sólo se llega a él mediante oídas.
La comunidad de San Francisco es cuna de curanderos, como todo aquí, existe una fuerte tradición generacional. Cada curandero tiene cuatro o cinco discípulos que aseguren los conocimientos para el futuro. Cada uno de ellos pasa más de cinco años aprendiendo sobre las diversas plantas y cortezas que hay en la amazonía y sus efectos en el cuerpo, mente y espíritu. Estos discípulos se forman como si estudiaran una carrera universitaria. Es que prácticamente lo es. La medicina tradicional está cobrando tanta aceptación a nivel mundial que pronto necesitará de más especialistas. Lamentablemente no existe ningún programa gubernamental que apoye a estos jóvenes. La educación recae solo en sus maestros.

Madre Ayahuasca
Indudablemente, una de las plantas que más llama la atención al foráneo es la Ayahuasca o soga del muerto . Una liana que crece abundantemente en estas regiones y es la planta estrella en toda ceremonia. El consumo de la ayahuasca está presente en muchos pueblos de la amazonía, que se extienden por Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Brasil y Bolivia. Su consumo no es exclusivo de ninguna etnia. No existen datos exactos sobre cuándo se inició esta práctica del uso del ayahuasca, pero se presume que incluso los incas llegaron a consumirla.
La ayahuasca es considerada una liana alucinógena. Aunque el objetivo no es tener alucinaciones, muchos erróneamente la consumen pero solo con el afán de visualizar intensas imágenes. Para ellos su efecto es incompleto pues el objetivo en el consumo de la ayahuasca es la curación física y espiritual. Como toda medicina, la planta solo debe ser consumida bajo supervisión del curandero y con la dosis exacta que éste determine. El término adecuado para los efectos de la ayahuasca es mareación. Tal estado solo se logra mediante una sesión o ceremonia, donde cada elemento es vital para una correcta sanación. Es indispensable permanecer en ayuno al menos 24 horas antes de la sesión. No consumir licor, drogas, picantes ni tener sexo. Es importante que el estómago esté libre de comida pues los vómitos son frecuentes en los primerizos. El lugar ideal sería estar rodeado por la naturaleza pues ello inspira. Un espacio cargado de energía negativa, ruidos y contaminación no ayudaría en lo absoluto.

Danza con Perfumes
Las sesiones son por las noches, sin ningún tipo de luz y en total oscuridad. El incienso purifica el ambiente. Esencia de flores en la cabeza de cada uno de los participantes otorgan una sensación de calma. El humo del mapacho o cigarros de tabaco sin filtro también otorgan fuerza y misterio. Los ícaros o cantos son la parte más bella de la ceremonia. Monosílabos y sonidos guturales son como alabanzas de un templo y que otorgan una magia y tranquilidad indescriptible.
En medio de la oscuridad, el curandero va pasando la dosis exacta a cada uno de los participantes. Una pequeña copa del preparado es suficiente para tres a cinco horas de mareación. Los efectos vienen luego de media hora de consumida. Lo más interesante es que la ayahuasca tiene un efecto distinto en cada persona, todo depende de su personalidad y el espíritu con que se realiza.

Serpiente cósmica
Existen testimonios de personas que sufrieron mareaciones horribles, donde visualizaron animales monstruosos y escenas para llorar, ruidos y voces intensas e insoportables. Pero hay muchos otros que vislumbran luces muy coloridas y parsimoniosas, voces suaves que se mezclan con los ícaros que no cesan en ningún momento. Movimientos suaves del suelo, animales extraños, seres alados y todo lo que la imaginación pueda percibir. Pero en lo que muchos coinciden es en la presencia de serpientes de diversas formas, tamaños y colores. En el mundo del curanderismo, la serpiente es considerada la madre de todos los conocimientos o ronin y está presente en todos los seres humanos.
En una mareación no se está totalmente alejado de la realidad. Existen chispazos de lucidez donde uno se percata de lo que ocurre a su derredor. El curandero proporciona equilibrio a quienes se angustian en la mareación, llevándolos a buen camino. De allí la importancia de la presencia de uno de ellos. El término adecuado para estos maestros es de curandero (en castellano) pues la palabra shamán proviene de los países alejados de Europa, donde no se ajusta a las actividades de los maestros de estas zonas. Aunque en shipibo el término exacto sería Unaya Juni .
El preparado de la ayahuasca se obtiene tras más de cinco horas de hervido. Su sabor a cortezas es bastante fuerte. En una mareación se mueve fuerzas espirituales indescriptibles que los más sensibles pueden percibir. Una vez que la mareación va cediendo, el cuerpo se somete a un sueño profundo que puede durar por varias horas. A muchos otros, el baño los llama urgente, son los efectos purgantes propias de la liana. Luego de aquella sesión el cuerpo debe permanecer en orden y equilibrio.

Canto para nacer
La selva de Pucallpa ha dejado de ser salvaje y abarrotada de animales. Las sachavacas, otorongos, monos, guacamayos, lagartos y otros son cada vez más difíciles de ver en su estado natural. Los gigantescos árboles ahora son extraños de encontrar. La fiebre del caucho pasó y la pobreza de nuevo es latente en gran parte de la población. Al parecer ya no queda rastro del paraíso terrestre que en algún momento pudo ser Pucallpa. Pero algo que permanece inalterable es el espíritu de su gente por volver a empezar. Ahora el turismo se perfila como una alternativa para la crisis ambiental que está sometida. Poco a poco se empieza a reconocer el valor de la amazonía y como herramienta para obtener ingresos del turismo.
Tal vez algún día se logre recuperar lo que se está perdiendo. Ojalá no sea tarde. Ojalá el espíritu de las plantas y los ícaros sea suficiente. Si es así, hagamos una mega sesión ayahuasquera.

 

Subtítulos originales del disco Canto Shamánico, de Tito La Rosa.

Entrevista al señor Mateo. Curandero de san Francisco. Pucallpa.

Fotos: Eduardo Villarreal.

Texto: Fernando Vilchez Santisteban

 

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Punta Sal: Tranquila y Bella.

Escrito por fernando 06-03-2006 en General. Comentarios (0)

Uno de los balnearios más famosos del Perú. Pero desde una perspectiva de tradición, donde los pescadores son los protagonistas que dicho lugar fluya de belleza.

Punta Sal representa la quintaesencia de las playas del norte peruano. Las azules y frescas aguas del Pacífico, la suave arena y el desierto se conjugan para crear la sensación de refugio y huida de la civilización que a cientos de turistas los atrae a este rincón que pareciera ser del fin del mundo. Punta sal se ubica en el departamento de Tumbes, en el kilómetro 1187 de la Panamericana Norte, en medio de la zona más desértica del país y a lo largo de un límpido litoral protegido por el sol que no lo abandona en ninguna época del año.Pero nunca el calor es agobiante, el aire caliente del desierto es apaciguado por la brisa marina. Las olas arrastran consigo pequeñas conchas y piedrecillas de colores que luego yacen en la arena y forman un panorama salvaje. Aquí hay pocas palmera, la mayoría introducidas por el hombre. Al contrario, el árbol del algarrobo crece en cientos de kilómetros alrededor. Sus frondosas ramas perduran por muchos años a pesar de la sequedad del suelo. El algarrobo está protegido por los conservacionistas y la población local que mantienen en control el uso de la madera para la industria.

Visitas moderadas
A Punta Sal llegan visitantes de todo el mundo, pero nunca al punto de alterar la tranquilidad del lugar. Aquí no hay las típicas aglomeraciones del turismo masivo. El servicio hotelero siempre se abastece, aunque en temporada alta es preciso hacer las reservaciones necesarias. Aquí el turista encuentra la soledad de una playa imperturbable. Los bares, discotecas y luces de neón no tienen cabida.

Hombres de pesca
Los pescadores habitan en la playa por décadas. Ésta es la población originaria del lugar y saben compartirlo con cualquier foráneo.En esta agua se pescan la “raya”, el “coche”, el “pez espada” o la “lisa”, además de diversas especies de mariscos, elementos básicos en la comida local. Ver trabajar a estos hombres crea una sensación de deseo en el forastero por imitarlos, ir en busca de su propia alimento, manejar la balsa al antojo del mar y esperar a que las redes se llenen -el trabajo en su forma más natural.
Ellos construyen sus propias balsas y siempre separan un espacio al que quiera acompañarlos a pescar. Cerca del mediodía la parte más alejada de la playa adquiere vitalidad con la compra-venta de productos. Pescadores, amas de casa y turistas se involucran en el negocio por adquirir el mejor pescado. Al finalizar la actividad, cientos de gaviotas, pelícanos y aves de rapiña se encargan de limpiar la playa de cualquier residuo marino.

Abundancia de elementos
Los paisajes conmovedores y sorprendentes están por cualquier parte donde se mire. En especial, desde la cima de las montañas se observa una panorámica completa de todo Punta Sal. El cielo y el mar infinito ofrecen un espectáculo de diversos tonos azules y, al atardecer, parece que todo se somete a la incandescencia del sol tornándose el lugar de color anaranjado. Ni un solo lugar puede pasar por alto. En el horizonte, los delfines, los lobos marinos y ballenas alborotan las aguas. Arriba, bandadas de aves revolotean sin cesar: piqueros, huerequeques, garzas, cardenales, zarcillos y muchos más son el deleite de todo ornitólogo. Por el lado del desierto, los zorros y gallinazos hacen de las suyas y en la arena, cientos de cangrejos se escabullen de los picos de las gaviotas. Mientras tanto, el viento se convierte en un portavoz de cada elemento vivo arrastrando consigo una serie de sonidos inexplicables.

Cuando el sol se ocultó
Aquí la naturaleza exuberante y la limitada presencia del hombre dan vida a un equilibrio armonioso. Pero no siempre fue así. En 1982, el fenómeno de El Niño amenazó con transformar la geografía del lugar. Lluvias torrenciales nublaron el cielo por semanas, los deslizamientos de las montañas llegaron hasta el mar al punto de convertirse color marrón; los peces se alejaron de las aguas y los pescadores sufrieron los estragos de no encontrar su alimento diario; las carreteras se destrozaron y el lugar quedó aislado del resto. Todo ello pasó, pero El Niño sigue siendo un fantasma que en cualquier momento puede atacar.

Viviendo en una postal
En la actualidad hay energía eléctrica, agua potable y teléfonos; existen vías en regular estado, paquetes turísticos y cómodos hoteles. Por ello, visitar Punta Sal no es una evasión total de la modernidad sino una forma de vivir más acorde con la naturaleza. Más que un balneario, Punta Sal es una tierra con espíritu propio.

Por Fernando Vilchez Santisteban.
fotos Eduardo Villarreal

 

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¡La vida esa un carnaval! Pero en Celendín se vive mejor.

Escrito por fernando 10-02-2006 en General. Comentarios (19)

Siempre relacioné los carnavales con escenas típicas de Río de Janeiro, con abundantes y exóticos trajes, mujeres despampanantes, serpentinas y zamba. Felizmente esto es solo en Brasil. Pero en Cajamarca (Perú) dicha fiesta se vive con tanta intensidad que es considerada como la cuna del carnaval peruano. Aquí no hay diminutas ropas pero sí toda una manifestación de arte y tradición.

Llegué a esta ciudad la última semana de febrero. Eran días de la fiesta y cientos de viajeros colmaron las carreteras. Todo medio de transporte valía para llegar. Entre costales de arroz y paisanos, el viaje se tornó en un cuadro folclórico inolvidable.

Aún el sol no salía. Cansado y adolorido por la incomodidad del viaje, lo que deseaba era dormir. ¡Pero cómo podía hacerlo si en la Plaza de Armas la gente aún celebraba!. Grupos de jóvenes en las esquinas, cánticos y bailes, guitarras y botellas de licor en el suelo, todo indicaba que fue una noche de parranda. Las campanas de la Catedral anunciaron el nuevo día. Casi sonámbulo me dirigía descansar, repitiéndome que debo estar preparado , pues aquí podría ocurrir de todo. Al mediodía la ciudad entera se congregó en la Plaza y calles aledañas. Una guerra se desató y cualquiera podía ser empapado con agua y pintura. Desde lo alto de los edificios los francotiradores lanzaban su munición de globos. Otros atacaban frente a frente y en grupo. Nadie escapó al ataque, todo valía para la diversión.

Con ropas mojadas nos preparamos para ver el desfile de carros alegóricos, reinas y disfraces de cada barrio. Calles repletas de gente. Había que ser muy hábil para alcanzar a ver el espectáculo. Felizmente me escabullí y me uní a los danzantes y bailarinas que de inmediato me conquistaron con su alegría. Despojado de toda vergüenza y sin temor a hacer el ridículo, me aventuré a seguir las comparsas e imitar sus bailes. Era uno más en ese mar de diversión.

Por la noche, las coplas y guitarras volvían a sonar en la plaza. Todos éramos amigos. Lo principal era sonreír y nunca negar una invitación a beber. Pues un principio de esta ciudad es comer y beber todo lo que se ofrece, o sino la persona es obligada a ingerir el doble de licor. Aprendí muy bien la lección. Mas ellos no se percataron que tenía mis trucos para no beber lo que me servían –aguardiente mezclado con refresco-.

Al día siguiente se realizó el concurso de las “viudas”. Esto consiste en premiar a quien llora por más tiempo la muerte del Ño Carnavalón o Rey Momo –personaje que representa el espíritu del Carnaval por finalizar-. Docenas de mujeres que se visten de negro y sus gemidos y llantos exagerados conmueven hasta el más duro corazón. Una parodia que indica el final del carnaval, para enterrar luego a este ser imaginario.

Fiesta sin fronteras.
Las celebraciones continuaron en pueblos aledaños. Y es en José Gálvez donde el carnaval se celebra igual que hace 20 ó 30 años atrás. A tres horas de Cajamarca, este distrito se prepara por más de un mes para la fiesta. Los barrios ensayan sus bailes, confeccionan sus trajes con hermosos colores y lentejuelas. Las máscaras antropomorfas y sombreros de copa alta también son parte del atuendo.

El acabado de las ropas es tan fino que la gente no escatima dinero para lucir bien en el festejo. Igual valor merecen los carros alegóricos y la decoración de las calles. Pero nuestras miradas se las roban las reinas elegidas con gran dificultad. Pues aquí todas las mujeres merecen una corona. ¡Ay de aquel que pretenda enamorarlas¡ Antes deberá ser aceptado por el barrio entero que celosamente las cuidan.

Las casas blancas con tejados y balcones viejos. Las pistas empedradas y el corzo que recorre las calles principales crean la sensación de vivir en una postal. También hay agua y pintura, alegría de niños y jóvenes. Pero lo más maravilloso es la hospitalidad de la gente que, al llegar la noche, están dispuestos a acoger al visitante. Dan lo mejor de su abrigo y comida. Lo que nunca falta en casa es la chicha de jora. No hay que abusar de este licor sino se quiere terminar en el baño con terribles cólicos.

Encuentros
Muy temprano fui invitado a participar de una reencuentro familiar. Esta vez me dirigí al poblado de Alto Bacón, muy cerca de Celendín. Entre abrazos y lágrimas, la familia se volvía a ver. Primos, tíos, hermanos y abuelos, más de quince personas reunidas aquella mañana. Se sacrificó un cordero, la abuela cocinó papas y maíz cosechado de sus tierras y comimos pan caliente horneado bajo leña. Posamos para la foto del recuerdo y sin percatarme ya era un miembro más de aquella generosa familia que no cesaba de abrazarme y recordarme que estaba en casa. Por un momento llegué a pensar que tanta efusividad era efecto del licor. Pero ¡que derecho tenía yo para dudar de su cariño!. En las grandes ciudades miramos con desconfianza al extraño y las reuniones familiares son menos usuales. Aquí todo es distinto. La familia numerosa sigue reencontrándose y qué mejor en épocas de carnaval.

Acompañado de mi nueva familia visité el poblado de “Loma del Indio”. Entre montañas verdes y vientos fríos, las pocas personas de este recóndito lugar celebraban a su estilo el fin de fiesta.

La melodía de coplas carnavalescas se interrumpió para iniciar el juego del “tapagallo”. Hasta hace pocos años se practicó el “matagallo”, celebración que consiste en enterrar al ave hasta el cuello, de tal forma que su cabeza quede expuesta. Los ojos del concursante son cubiertos con una venda y luego de varias vueltas tratar de golpear con un garrote la cabeza del gallo que servirá como premio a quien logre acertar. Felizmente este juego cambió, pues la población reconoció que el ave vale más vivo que muerto. Ahora se practica el tapagallo, con las mismas normas, pero en vez de golpearlo, tratar de cubrirlo con un sombrero. Ya oscurecía y sin demora se celebró la “yunza”, fiesta tradicional de muchos pueblos andinos que consiste en derribar un árbol donde prenden de sus ramas diversos regalos. Los participantes rodean el árbol y mientras bailan, lo golpean con un machete hasta derribarlo y coger sus obsequios. Colmado de tanto festejo, me retiro a Celendín. Era domingo por la mañana y la población participa de la feria ganadera. Vacas lecheras enormes llegaban de tierras vecinas. Es que la abundancia de pastos asegura la producción de lácteos y carne para la comunidad. Aquí la totalidad de la gente usa sombreros de copa alta y ancha, accesorio obligado en su vestimenta, muchos de ellos vendidos a precios elevados.

Pareciera que aquí la s fiestas nunca terminan y se vive en constante diversión., al día siguiente retorné a la ciudad de Cajamarca. Visité los Baños del Inca, lugar de aguas tibias que brotan del subsuelo y era preciado por los Incas. Alquilé un baño privado y extenuado me sumergí en la tina de agua caliente. Totalmente satisfecho de tan inolvidable carnaval.

Por Fernando Vilchez Santisteban

Fotos extraidas de yanacocha.com.pe/ promperu

  

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Kuelap:ciudad de guerreros

Escrito por fernando 04-02-2006 en General. Comentarios (15)

Por Fernando Vilchez Santisteban

La tarea, iniciada con las primeras luces del día, para conseguir una manera económica de llegar hacia Kuélap, ha terminado. Son las nueve de la mañana y el conductor de un camión con verduras decide llevarnos ¡y sin pagar un céntimo!. Mis dos compañeros y yo estamos ahora relajados y satisfechos. Apoyados en el parapeto del camión y abrigados con chompas, para protegernos de la fría brisa de la mañana, enrumbamos a la fortaleza.

Desde Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas, al norte de Perú, recorremos por tres horas la carretera. En el camino, las plantaciones de café y arroz son abundantes. Entre la espesura de los bosques se esconden pintorescas y humildes casas pertenecientes a los agricultores. El camión se detiene cada cierto tramo para recoger a estos hombres de tez morena, con camisas remangadas y sandalias.
El carro se llena de vasijas de barro, alfombras de paja y ramos de caña de azúcar. El viaje no sólo se hace inolvidable por los paisajes que se ven en el camino, sino también por el pintoresco espectáculo folclórico que realizan estos campesinos con su manera de comportarse.

Primera parada
Luego de recorrer 36 kilómetros, llegamos a Tingo, pueblo al pie de la montaña que conduce a Kuélap. Eran las dos de la tarde. Cada pasajero se retira con su bulto a su hogar o sabe Dios donde. Con frío y hambre, buscamos un lugar para comer y pasar la noche.
La bondad de una mujer, al vernos desorientados, nos abre las puertas de su hogar. Nos dio una habitación con vista a las montañas envueltas por la densa neblina. Preparé una sopa con verduras en el fogón de la cocina. Aquí no hay luz ni agua potable. Habría que probar qué tal sabe una sopa preparada con agua directa del río. El cansancio derribó nuestros cuerpos a la cama. Al día siguiente debíamos iniciar la caminata.

Amor de Humanos
No sabíamos cómo manifestar nuestro agradecimiento a aquella mujer. Con mucha humildad aceptó unos cuantos comestibles que cargábamos en la mochila. Ya al despedirnos nos dijo que no sintamos pena pues “es Dios quien ordena que demos posada al errante”. Manifestaciones de este tipo demuestran la grandeza de espíritu de la gente de esta parte del país. Nos sentimos muy protegidos en este pueblo, realmente nada nos faltó.

Debíamos recorrer doce kilómetros a pie. El camino, que cruza la montaña, está debidamente señalado. La abundancia de piedras, caminos altos y bajos y una repentina lluvia, hicieron que nuestra atención se centrara en lo que pisábamos, pues el camino se tornó resbaladizo. Dejó de llover y las nubes despejaron las montañas. El juego de la neblina con las diversas tonalidades de verde forman un panorama espectacular.

La dificultad para respirar nos detenía cada cierto tramo. Kuélap se encuentra a tres mil metros sobre el nivel del mar. Pero el esfuerzo valía la pena. A lo lejos se dibujaba lo que en su momento fue una ciudad guerrera.

Eran las tres de la tarde. El complejo arqueológico se cerraba en dos horas. Pernoctamos en cada de don Rigoberto, el guía que trabaja en las ruinas. El pertenece a una de las cuatro familias oriundas de kuélap. El resto se mudó a chachapoyas. Rodeados en el fogón de la esposa de don Rigoberto y sus cinco niños, comimos unas tortillas preparadas con maíz fresco de la chacra, manzanilla caliente pata beber y con la ciudadela como paisaje, qué mas podíamos pedir.

Civilización grande
En la cima de la montaña, la fortaleza de Kuélap se luce por su enorme muralla de hasta veinte metros de altura y que alberga alrededor de seis cuadras de largo. En su interior, se encuentra toda una ciudad compuesta por 420 casas circulares. Construidas con bloques de granito rosado y superpuestas sin ningún otro elemento, han podido desafiar durante siglos la destrucción de la erosión y la lluvia.
La fortaleza posee tres puertas, dos de ellas están clausuradas por la fragilidad de la estructura y el paso de los años. La puerta de acceso a los turistas es a través de una escalinata de piedra. A medida que la escalera avanza hacia la montaña, va reduciendo de ancho, de modo que al llegar a la primera plataforma sólo queda espacio para el ingreso de personas en columna de a uno y con la cabeza inclinada . En los muros laterales de la escalera hay pequeñas casas que servían para esconder a guerreros, que armados atacaban en la cabeza a sus enemigos.

Planificación social
En el interior existen tres niveles. El primero y más amplio lo ocupaba el pueblo, los otros dos niveles eran de los jefes militares y maestros. También hay una torre o torreón, que sirvió para observar a grandes distancias la presencia del enemigo. La fortaleza fue construida entre los años 800 y 500 AC por la cultura chachapoyas. Con mucha experiencia en la estrategia y defensa militar, tuvo que enfrentarse a las guerras de conquista de los waris y chibchas.

Tiempos violentos
Los chachapoyas se enfrentaron a duras batallas, pero no lograron superar la astucia incas. del Imperio Inca. Estos, al percatarse de la trampa que forma la entrada a la ciudad, cercaron todo el recinto. El pueblo poseía en sus almacenes comida por unos días, pero debían salir del lugar para conseguir más alimentos y agua. El hambre obligó a esta cultura rendirse, ocupando territorios vecinos. Los incas vivieron allí por muchos años. Esto se comprueba en las construcciones en forma de rectángulo, figura que caracterizaba las edificaciones
Tras la conquista de los españoles a este suelo, los chachapoyas establecieron una alianza con ellos par a derrotar a los incas. En la sangrienta batalla, los conquistadores lanzaron antorchas de fuego por las altas murallas de la ciudadela, obligando a los incas a salir despavoridos y encontrar la eminente muerte.

En el pánico, los españoles ingresaron a la ciudad en llamas buscando almacenes de oro, pero al no encontrar nada que sea de valor, destruyeron todo lo que había en su paso, además de dar muerte a los chachapoyas.
Desde ese entonces, la ciudadela quedó abandonada hasta su descubrimiento en 1843 por el juez Crisóstomo Nieto. Kuélap está rodeada de otras fortalezas y recintos que aún están en plena investigación, muchas incluso están aún cubiertas por la espesa vegetación y en zonas difíciles de acceder. Por ello, Chachapoyas y los al rededores se percibe como un potencial turístico tan fuerte como el Cusco.

Disculpas por no contar con fotografías.