Carta a la mujer que dejé por un viaje largo.
Los tesoros de la vida. Esos momentos que se disipan con rapidez. Cuántas cosas dejamos en los viajes. Acaso extrañamos algo. Qué es lo que más nos duele dejar.
La novia. Dónde estás corazón. Por qué nos acostumbramos a la soledad. Nos secamos una lágrima y fingimos una sonrisa. Todo está bien aparentemente. A quién le importará cómo te sientes. No contestas mis correos ni llamadas. Pienso volver y buscarte. Pero pasó tanto tiempo. Aquí todo está de cabeza. Es una ciudad donde los males se juntan. Es emocionante. Mas no me gustaría vivir acá. No quisiera que conozcas este lugar. Todo es desorden. Pero hay gente tan noble. A veces me pregunto cómo nos acostumbramos a vivir así. Cómo es que llegamos a aceptar este sistema.
Tú estarás trabajando. Te imagino viajando en el autobus. Colgada y apretada como sardina. Viendo tras la ventana. Te acuerdas de las noches de cine. Cuando íbamos a la última programación. O cuando caminábamos sin rumbo hasta cansarnos y nos escondíamos entre la hierba de la Costa Verde. Que lindas horas. Me acuerdo del eclipse de luna. Bebiendo vino en un parque y maravillados del espectáculo que se presentaba entre el cielo y el mar. Nos quedamos hasta el amanecer.
Las noches de disco. ¿El Sargento Pimienta sigue abierto?. Y la Noche. Y La Hierbabuena. Ese restorante El Plátano Azul. Que nombre de lo más curioso. Me acuerdo del campamento frustrado. No llegué a tiempo y tú tan enojada. Mi escusa fue el trabajo, del cual renuncié.
Y la noche de graduación. Bailamos mucho. A mi no me gusta la salsa pero lo hice muy bien. Esa noche me tomé media botella de pisco. Estábamos tan ebrios, como si fuera la última noche de nuestras vidas.
Ahora creo que sí lo fue. Las noches terminaron y el destino nos empuja. Llevo una foto donde estamos los dos. Se las muestro a mis nuevos amigos. Solo estás en mi billetera. Y en mis recuerdos.
Sabes. Quisiera viajar como antes, con esa inocencia. Tirando dedo y acampando despreocupado en cualquier lugar. Hoy los viajes parecen ser monótonos. Quisiera que viajes conmigo. Pero no tengo derecho. Tienes tu vida y yo la mía. Tal vez sea mejor así.
No quiero acostumbrarme acá.