Historias de hombres que van por el mundo con su mochila a cuestas.

Volver o quedarse. He ahí el dilema.

No me gusta publicar reflexiones personales. Pero esta vez lo hago pues no encuentro otra manera de expresarlo. Cuando vives en una ciudad distinta y recién conoces a la gente, uno se frena en contar ciertas cosas. Felizmente el anonimato de la Internet nos facilita las cosas.


Hay viajes que no sabemos cuándo terminarlos. No se da la ocasión para dar media vuelta y regresar al mundo, al nuestro. A eso que llamamos vida cotidiana. Dejamos todo con la intención de descubrir experiencias y gente nueva... Pero siempre regresamos de donde salimos.

 

Esta vez pasa lo contrario. Y no existe la más mínima prisa por regresar. No extraño ninguna otra cosa, mas que despertar con la decisión de volver. Pero ese día no regresa... Mientras tanto, el viaje continúa y no sé cuándo pararlo. Eso me causa asombro y algo de angustia por saber hasta dónde podemos llegar.

 

No me refiero al sitio, sino al desarraigo... a ese espiritu de desprendimiento. Puede ser aquí o allá, el lugar no importa. Me refiero a hasta dónde estamos dispuestos a no regresar.

 

Egoísmo?. Irresponsabilidad?. No lo se. La vida algún día nos pasará la factura sobre nuestras decisiones. Mientras tanto, hay que seguir viviendo. Toda persona necesita algo de estabilidad, echar raíces en un sitio y proyectarse en cuestiones de familia y trabajo. Hay que dominar esa sensación de huida que muchas veces nos domina.


Zona de conflicto


Pucallpa. Mi actual destino. No me gusta la ciudad y lo digo con seguridad. El polvo, los motocarros, las malas pistas, la tala ilegal, la explotación a los indígenas. Tráfico de influencias, destrucción de la amazonía. Si vieran la cantidad de madera que sale de estos lugares, se asombrarían de la pasividad con que actúan las autoridades.


Camiones gigantes cargando trozos enormes de madera. Son tan grandes que uno calcula que a la naturaleza le abrá demorado más de cien años en levantar estos árboles. Y esto es todos los días. Camiones que van y vienen con esta madera, mucha es de cedro, caoba, shihuahuaco o tantas otras. Todas extraídas de la manera más salvaje y sin ningún programa técnico que asegure el abastecimiento para el futuro.

 


Estamos en el corazón de la amazonía. Aquí vemos lo que se menciona en las ciudades y en las escuelas sobre la destrucción de la naturaleza. Aquí se percibe el problema en toda su magnitud.


Si vieran la cantidad de organizaciones no gubernamentales que trabajan bajo el abanderado de la protección y defensa de los recursos y los derechos de los indígenas. Muchas se llenan los bolsillos y lo único que hacen es agrandar el sistema burocrático, alejando a los afectados de alguna posible solución. Claro que hay escepciones, pero son tan pocas frente al problema que se menciona que se quedarían impávidos. Es como dar patadas hacia el aire. Puñetes de un boxeador que no dan a su contrincante.

 

El tráfico de combustible. La amazonía cuenta con exoneración tributaria. Esto significa que nadie paga impuestos al Estado. Dicha medida fue establecida hace muchos años, para impulsar el desarrollo de la región. Pero esto genera corrupción. El combustible es trasladado clandestinamente a lugares donde no existen beneficios tributarios. Pero también hay buenos proyectos que han prrmitido un ligero crecimiento económico de la amazonía.

 

Hace unos días fue incendiada la oficina de información del Instituto Nacional de Recursos Naturales INRENA. Allí se guardaban importantes documentos sobre el tráfico de madera y los involucrados. Se presume que fue intensional para librar a aquellos grupos que trafican madera ilegal. Es alarmante la manera en que quedan inmunes los delitos. Un mal que lo padece todo el país.

 

El alcalde de la ciudad es involucrado como presunto autor intelectual del asesinato a un periodista. En unas semanas empieza el juicio oral. Ahora se lanza a la reelección y es uno de los favoritos. Se acuerdan de Victor Valdéz Melendez, el congresista de la biblioteca de un millón de dólares y denunciado por violación. Pues está aquí y amenaza con ser presidente regional de Ucayali. Parece todo una confabulación...un plan macabro para obtener el poder de la amazonía.

 

 

Amanecer final

 

Pucallpa es emocionante para cualquier comunicador. Aquí hay información valiosa para trabajar. Sobretodo en cuestiones de corrupción. Es un campo de investigación casi intacto, ya sea en la explotación de recursos o en las mafias de todo tipo. No me cansaría de cubrir datos, pues hay tanto por denunciar o descubrir.

 

A pesar de todo este panorama social, me agrada la manera de cómo la población maneja los problemas. Aqui no se pierde la alegría. Un regalo del calor de la amazonìa para todos los pueblos. Un efecto positivo, a pesar de los bandidos que quieren boicotear y llevarse los recursos naturales.

 

Las puertas abiertas de par en par...nadie quiere dormir...el calor es intenso. Las madres sentadas en las puertas de sus casas, jugando casinos o viendo la gente pasar. Los niños en las esquinas jugando vóley...Los jóvenes estudiando o viendo la tele...otros en el bar o en los parques haciendo cualquier cosa...la vida cotidiana tal y como ocurre en cualquier otro lugar... 

 

La única diferencia es la manera de afrontar los problemas...Nada nos hará doblegar...la alegría sobre cualquier cosa...Mientras tanto, esperamos con ansias la lluvia...ese olor a madera húmeda de los bosques...La tierra absorverá los cántaros de agua que caen del cielo...se limpiarán las calles...se llevará las penas...y seguiremos sonriendo...pues la vida continúa...

 

Mientras tanto, seguir esperando si decidimos partir.....o quedarnos...o partir y regresar...o partir y nunca volver.

 

 

fernando vilchez santisteban

 

visita: www.mundoshipibo.blogspot.com

 

OTRAS REFLEXIONES

 

Los tesoros de la vida. Esos momentos que se disipan con rapidez. Cuántas cosas dejamos en los viajes. Acaso extrañamos algo. Qué es lo que más nos duele dejar.

 

Dónde estás corazón. Por qué nos acostumbramos a la soledad. Nos secamos una lágrima y fingimos una sonrisa. Todo está bien aparentemente. A quién le importará cómo te sientes. No contestas mis correos ni llamadas. Pienso volver y buscarte. Pero pasó tanto tiempo. Aquí todo está de cabeza. Es emocionante. Aunque todo es desorden. Pero hay gente tan noble. A veces me pregunto cómo nos acostumbramos a vivir así. Cómo es que llegamos a aceptar este sistema.

 

Tú estarás trabajando. Te imagino viajando en el autobus. Colgada y apretada como sardina. Viendo tras la ventana. Te acuerdas de las noches de cine. Cuando íbamos a la última programación. O cuando caminábamos sin rumbo hasta cansarnos y nos escondíamos entre la hierba de la Costa Verde. Que lindas horas. Me acuerdo del eclipse de luna. Bebiendo vino en un parque y maravillados del espectáculo que se presentaba entre el cielo y el mar. Nos quedamos hasta el amanecer.

 

Las noches de disco. ¿El Sargento Pimienta sigue abierto?. Y la Noche. Y La Hierbabuena. Ese restorante El Plátano Azul. Que nombre de lo más curioso. Me acuerdo del campamento frustrado. No llegué a tiempo y tú tan enojada. Mi escusa fue el trabajo, del cual renuncié.

 

Y la noche de graduación. Bailamos mucho. A mi no me gusta la salsa pero lo hice muy bien. Esa noche me tomé media botella de pisco. Estábamos tan ebrios, como si fuera la última noche de nuestras vidas.

 

Ahora creo que sí lo fue. Las noches terminaron y el destino nos empuja. Llevo una foto donde estamos los dos. Se las muestro a mis nuevos amigos. Solo estás en mi billetera. Y en mis recuerdos.

 

Sabes. Quisiera viajar como antes, con esa inocencia. Tirando dedo y acampando despreocupado en cualquier lugar. Hoy los viajes parecen ser monótonos. Quisiera que viajes conmigo. Pero no tengo derecho. Tienes tu vida y yo la mía. Tal vez sea mejor así.

 

No quiero acostumbrarme acá.

 

 

 

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: